Por: Diego Cichero
Hay algo fascinante en estar junto a un auto de carreras en Petit Le Mans y darse cuenta de que la tecnología que está siendo llevada al límite en la pista no necesariamente se queda allí.
Estoy en Michelin Raceway Road Atlanta, escenario del Motul Petit Le Mans, una carrera de resistencia de 10 horas del campeonato IMSA WeatherTech SportsCar Championship. A mi alrededor están algunos de los autos de competición más rápidos y sofisticados de Estados Unidos. Pero en el stand de Brembo encontré una idea que me llamó especialmente la atención: las carreras no solamente sirven para desarrollar tecnología para competir. También pueden convertirse en un laboratorio para los autos que manejamos todos los días.
Y los frenos son uno de los mejores ejemplos.
Cuando vemos una carrera, nuestra atención suele concentrarse en la aceleración, la velocidad máxima o los adelantamientos. Pero para ir rápido también hay que saber frenar. Y hacerlo con precisión, una y otra vez.

En una carrera de resistencia como Petit Le Mans, donde los autos compiten durante 10 horas, los sistemas de frenos tienen que soportar enormes cantidades de calor, esfuerzo y uso repetido.
La pista, entonces, se convierte en un gigantesco laboratorio de pruebas.

Brembo lleva décadas desarrollando sistemas de frenado para el motorsport, incluyendo categorías como Fórmula 1, WEC y MotoGP. Y muchas de las tecnologías que fueron desarrolladas o perfeccionadas para las carreras terminaron encontrando su camino hacia los autos de producción, con el objetivo de mejorar el desempeño y la seguridad de los vehículos que utilizamos en la calle.
Un ejemplo muy claro es el cáliper monobloque.

Brembo desarrolló su primer cáliper monobloque en 1987 y la tecnología debutó en Fórmula 1 al año siguiente. Menos de una década después, llegó a un auto de producción con el Porsche Boxster.
Es decir, una solución nacida para las exigencias extremas de las carreras terminó formando parte de un automóvil que podía salir de un concesionario y circular por una carretera.
La misma filosofía aparece en otras tecnologías de frenado.

Los sistemas de frenos con materiales derivados del carbono fueron desarrollados originalmente para soportar las condiciones extremas del motorsport. El desafío posterior fue adaptar algunas de esas características para los autos de calle, donde los frenos deben funcionar correctamente a temperaturas mucho más bajas y bajo condiciones completamente diferentes.
De ese proceso surgieron tecnologías como los discos de freno carbocerámicos utilizados actualmente en vehículos de altas prestaciones.
Y quizás eso sea lo más interesante de visitar un evento como Petit Le Mans.
La tecnología que vemos alrededor de estos autos puede parecer completamente alejada de nuestra vida cotidiana. Los materiales, las exigencias y las condiciones de trabajo son extremos. Pero el proceso es bastante sencillo: desarrollar, probar, aprender, mejorar y, cuando es posible, llevar ese conocimiento a los vehículos que utilizamos todos los días.
Es una filosofía que la industria automotriz lleva décadas aplicando.
El motorsport permite a los ingenieros llevar determinados componentes mucho más allá de las condiciones que normalmente experimentarían en una carretera. Cada vuelta genera información. Cada carrera puede revelar un problema. Y cada mejora tiene que estar preparada para enfrentar el siguiente desafío.
En las carreras de resistencia, esa filosofía adquiere todavía más importancia.
No alcanza con ser rápido. Los componentes tienen que mantener su rendimiento y confiabilidad durante horas. Por eso competencias como IMSA y el Mundial de Resistencia se convierten también en verdaderos bancos de pruebas para nuevas soluciones tecnológicas.
Al mirar un prototipo de competición pasar a toda velocidad por Road Atlanta, es fácil pensar que estamos viendo una máquina completamente alejada de nuestros autos de todos los días.
Pero existe una conexión.
La próxima vez que presiones el pedal de freno de tu auto, quizás estés utilizando el resultado de décadas de investigación y desarrollo que comenzaron en un lugar muy diferente: una pista de carreras, con ingenieros buscando una décima de segundo más de rendimiento.
Y esa es una de las cosas que más me gustan del mundo del automóvil.
La carrera termina. La tecnología continúa.

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